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Primera parteEditar

Del diario holográfico de Thomas Connery, comandante de la República Terran. Discovery-1 14 de julio de 2638


Ya han transcurrido dos meses de los 28 que durará el largo viaje hasta el agujero de gusano que supondrá el futuro de la humanidad. A pesar de la interminable lista de cosas que hay que hacer, un viaje espacial prolongado te ofrece muchas oportunidades para la introspección. Últimamente, mis pensamientos han vuelto a la guerra, por raro que parezca, ya que es algo que ningún ser humano vivo ha experimentado.

La guerra determinó siempre la existencia humana, y nos ha llevado muchas veces al borde de la extinción. Antes de que se formara la República Terran, la Tierra no había visto un año que no estuviera empañado por la sombra de la guerra y no había conocido un período de paz mundial, sino solo la lucha y la angustia.

Incluso con los grandes avances tecnológicos que teníamos a nuestras espaldas, no podíamos seguir a ese ritmo. La población humana de la Tierra creció hasta superar el límite de una capacidad sostenible. En los años previos a la gran guerra, las tensiones empezaron a acentuarse rápidamente a medida que los países se apresuraban a reclamar los escasos recursos naturales que quedaban en el planeta. Pero todo fue en vano, pues ya habíamos marcado el curso de este acontecimiento siglos atrás.

La mañana del 18 de enero de 2426 marcó el inicio de lo que sería la mayor pérdida de vidas que la humanidad había experimentado jamás. En respuesta a informes de inteligencia militar sobre ataques inminentes y simultáneos, los seis mayores países de la Tierra se declararon la guerra los unos a los otros. Como sabemos ahora, ninguna de las personas que estaban al mando en los países que sobrevivieron al primer enfrentamiento recordaban haber revelado los códigos que lanzaron sus misiles ni sabían quién había enviado los primeros avisos. Pero todos sabían que la guerra que empezó aquella fría mañana de invierno se esperaba desde hace tiempo. Puede que incluso algunos la deseaban.

El primer año de conflicto mundial supuso un cambio drástico: murió cerca de la mitad de la población mundial, bien por la guerra o como consecuencia de ella. Nuestras armas y tácticas hicieron mucho más que destruir objetivos; paralizaron áreas enteras de nuestra civilización, desde las comunicaciones hasta la producción de alimentos. El hambre y las enfermedades mataron a tantas personas como las pistolas y las bombas.

18 años después, el 19 de diciembre de 2444, nuestra última guerra llegó a su fin. No porque nos diéramos cuenta de la insensatez de nuestros actos, sino porque los científicos anunciaron la existencia del agujero de gusano y una nueva amenaza que venía del otro lado del mismo. No estábamos solos. Todas las verdades del pasado se esfumaron en el mismo instante en que el universo se abrió ante nosotros, y se vieron sustituidas por una nueva única verdad: si la humanidad quería sobrevivir, todas las naciones y los pueblos tendrían que colaborar.

El 13 de mayo de 2445, todos los países firmaron un armisticio que puso fin a la guerra. Fue increíble ver cómo durante las siguientes décadas se eliminaron las fronteras y se unieron los gobiernos. Lo que antes eran cerca de doscientos países independientes pasó a convertirse en un planeta unido bajo la bandera de la República Terran.

Segunda parteEditar

El Consejo estaría formado por representantes de todos los antiguos países. Aquellos que estaban en el cargo comprendieron que la Tierra avanzaría unida o perecería unida, por lo que dictaron leyes que deberían aplicarse estrictamente y a todos por igual. Para la República Terran era de vital importancia evitar que ningún individuo volviera a entorpecer el progreso de seguridad de todos los pueblos.

Por primera vez en su historia, reinaba la paz en la Tierra y, esta vez, todo el mundo la atesoró con recelo.

Al finalizar los diez años que duró su mandato, la Constitución de la República Terran ordenó elecciones libres y abiertas. La gente, liberada de preocupaciones, no quería que nada cambiara y votó de nuevo a la República Terran. Volvió a hacerlo diez años después. Al final del primer siglo, en la época en que se abriría de nuevo el agujero de gusano, la gente votó a la República Terran una vez más. Y así lo hicieron durante otros cien años.

Algunos lucharon contra esta exigencia de paz. Siempre hubo personas que querían más. Pero cuando atacaban, la República Terran devolvía el golpe, y con más fuerza. Para asegurar la continuación de la paz, la República Terran promulgó leyes estrictas y castigos severos. Pero la gente, que disfrutaba del momento más próspero en la historia de la humanidad, apoyaba aún más esas medidas. Harrikan, el presidente de la República de Terran, dijo en 2598: «Todos los ciudadanos tienen que mostrar lealtad y fidelidad a la República por encima de todo. A veces son necesarios castigos severos, y si hay que sacrificar algunas libertades menos importantes para garantizar la continuación de la seguridad y de la prosperidad para todos, así lo haremos».

Lealtad y fidelidad a la República por encima de todo. Este se convirtió en el lema de la República Terran, y la gente lo aceptó.

Y esas son las palabras que yo pronuncié cuando asumí el cargo; sin embargo, nunca estuve de acuerdo con Harrikan en la segunda parte. Uno nunca debería sacrificar su libertad en aras de la seguridad. Eso es lo que dijo un hombre más brillante que Harrikan 600 años antes.

Hoy, bajo la bandera de la República Terran, lidero una flota brillante y optimista hacia una nueva frontera y hacia un nuevo futuro. Pero, aunque las naves vuelan tranquilas hacia el agujero de gusano, una aterradora sensación me embarga: creo que hay algunas personas que no quieren que este viaje salga bien, y temo que las dudas de otros puedan convertirse en algo más. Y, a medida que nos acercamos al agujero de gusano, percibo algo más: el mismo miedo imperceptible y subliminal que sentí en mi primer viaje al Cinturón Lunar, que por una parte me gritaba que no continuara pero, por otra, me obligaba a hacerlo. Hay algo ahí fuera que me dice que nos alejemos de ello, pero en mi interior sé que no puedo hacerlo.

Así que, los que estáis viendo esto os preguntaréis por qué continúo con el viaje. La respuesta es sencilla y ha alentado la imaginación de la humanidad desde que vivíamos en las más oscuras cavernas: no importan las advertencias o las dudas, no importa lo duro que se torne el discurso o cuántos puños se levanten en nuestra contra, la humanidad nunca ha podido, ni podrá, renegar de nuestro futuro.

Lo que tenga que ser, ocurrirá hoy, pero siempre habrá un mañana.