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Primera parteEditar

PrimeroEditar

Diario holográfico de Tom Connery, comandante de la República Terran. Discovery-1 2 de marzo de 2641 Desde hace cinco meses no hemos encontrado ningún planeta idóneo para llevar a cabo un proceso de terraformación. Obtuvimos datos de gigantes gaseosos hace unos meses, así como de un planeta rocoso con una concentración alta de nitrógeno, pero nada realmente prometedor. Y para colmo, la tensión entre la República Terran y los insurgentes ha aumentado últimamente; el coronel Morgannis se muestra cada vez más preocupado con la posibilidad de una insurrección.

Como en estos tiempos turbios mucha gente inocente está resultando herida, no me ha quedado más remedio que ir en contra de mis principios más básicos. Para proteger a nuestra gente y garantizar la paz, he tenido que pedir al Ejército que intervenga. Me duele en el alma ver cómo soldados armados caminan por nuestras salas, sobre todo porque a mayor presencia militar, mayor resistencia. Pero me temo que no puedo garantizar un mínimo de seguridad sin ellos.

SegundoEditar

Diario holográfico de Tom Connery, comandante de la República Terran. Discovery-1 22 de diciembre de 2641 Ya ha pasado algo más de un año desde que atravesamos el agujero de gusano y aún estamos perdidos. La opción de regresar no es viable, así que no nos queda más remedio que continuar nuestra aventura. Desde hace un año, la flota apoda este viaje como «sendero a la muerte».

Para proteger a la gente, he tenido que declarar toques de queda estrictos, pero aun así surgen con frecuencia refriegas en toda la flota. Al principio, los soldados tenían órdenes de disparar tan solo para aturdir, pero cuando los insurgentes comenzaron a matar a gente inocente, les ordené que dispararan a matar.

No entiendo cuáles son los motivos que impulsan a los insurgentes a llevar a cabo tales acciones. Lo que sí comprendo es que el viaje no se está desarrollando según lo previsto, y las raciones de comida están empezando a escasear, pero nuestra única esperanza durante el año pasado consistió en trabajar codo con codo. Aun así, cada pocas semanas alguien muere en una refriega.

Segunda parteEditar

Diario holográfico de Tom Connery, comandante de la República Terran. Discovery-1 3 de enero de 2642

Tenía muchas esperanzas y creía que habíamos evolucionado como raza más allá de nuestros miedos irracionales. No me atrevía a pensar que la tecnología era lo único que nos diferenciaba de nuestros ancestros cavernícolas. Pero estaba equivocado: en esta flota hay gente terrible y despiadada.

Ayer, 53 insurgentes asaltaron el arsenal militar a bordo del Explorer-5, una nave militar de la República Terran. Mataron a seis soldados y robaron aproximadamente unos 300 Cyclers. Con las armas que robaron se abrieron camino hasta el puente de mando de la nave y exigieron al capitán que renunciara a su cargo y les cediera el control de la nave. No quedaba espacio para la duda: no se podía razonar con esta gente. Se negaron a revelar adónde querían llevar la nave, con qué alimentarían a la tripulación o cómo pretendían unos cuantos civiles armados manejar un crucero de batalla. Ordené a las tropas que entraran en escena.

En la lucha que sucedió a continuación murieron unas 70 personas, entre ellas alrededor de dos docenas de soldados de la República Terran. Se abatieron a casi todos los insurgentes, y tan solo algunos, gravemente heridos, sobrevivieron. Sin embargo, hemos de lamentar las terribles pérdidas de la capitana Rebecca Grey y otros líderes militares de alto rango. Tanto el coronel Morgannis como yo hemos entendido que se trataba de una misión suicida con la intención de debilitar nuestro Ejército, pues podrían haber raptado cualquier nave civil en cuanto se hubiesen hecho con las armas. Sin embargo, decidieron atacar una de nuestras naves militares, que están tripuladas por numerosas tropas. No tenían ninguna posibilidad.

Los ministros civiles, presionados por sus electores, proclamaron la ley marcial en la flota. La presencia militar aumentó notoriamente y el toque de queda que entró en vigor se volvió más estricto. Todo el mundo debía permanecer en su habitación después de la cena de las 18.00. A excepción de familiares cercanos, no se permitían reuniones de más de tres personas, ya fuera en público o en privado. Hice todo lo que estaba en mis manos por luchar contra estas medidas tan rigurosas, pero ya se había tomado esa decisión mediante un voto. La gente, desesperada por disfrutar de paz y seguridad, votó a favor de aumentar la presencia militar. Con tal de protegerse contra una minoría, accedieron a la privación de su propia libertad.

Aunque no se han vuelto a producir estallidos violentos gracias a la presencia militar, la gente lleva encerrada entre las paredes de estas naves más de dos años y medio, y mediante un decreto tan agobiante tan solo conseguiremos que la gente a la que hemos privado de libertad se revele.

He decidido convocar una reunión secreta entre los ministros civiles y el Ejército para debatir la posibilidad de flexibilizar las restricciones. Morgannis y yo estamos preparando un plan con el cual esperamos que entreguen las armas y colaboren con nosotros. Si no logramos convencerlos, esta flota se convertirá en un cementerio espacial en apenas un año. El coronel y yo tan solo disponemos de tres días para idear una estrategia antes de que se celebre la reunión a bordo del Discovery-7.

Por el bien de la flota, esperemos que todo salga bien