FANDOM


Primera parteEditar

Joe Walsh, sargento del Nuevo Conglomerado, Searhus 21 de junio de 2845 Walsh contempló atónito cómo los soldados Ken Edmund Jr. y Adira Sullivan caían abatidos al suelo en su intento por defender el risco meridional del monte Magmatormentosa, cómo unas balas de la República Terran les alcanzaron en el pecho y explotaron en su interior. Aunque no conocía personalmente a Sullivan, Walsh fue colega del padre de Ben en la academia. Estos chicos eran buena gente. Walsh se encargaría de que los asesinos de la República Terran pagaran por sus crímenes.

«Miller, Cohen, colocaos en vuestras posiciones. Si avistáis escoria Terran, eliminadlos». Los dos soldados gatearon a través del terreno volcánico y ocuparon sus lugares. «En posición, sargento», gritó Miller, «y listos».

La República Terran fue la única fuerza política existente en la Tierra desde que se firmó el Armisticio y se creara un nuevo Gobierno totalmente transparente que mantuvo la paz durante casi 200 años. Walsh no tenía ningún problema con ellos, pero sí con los lunáticos que usaban el poder que les confería la República para controlar Auraxis, y no de manera democrática, sino bajo un cruel yugo dictatorial. Los estrictos toques de queda que se establecieron durante los viajes para garantizar la paz y la seguridad no se levantaron tras aterrizar en Auraxis. De hecho, empeoraron.

«No os preocupéis», dijo un concejal de la República Terran a la gente. «Tenemos que dar vida a un planeta y construir ciudades y no sabemos qué nos aguarda tras nuestras fronteras. En cuanto podamos eliminaremos todas estas medidas de precaución, pero debemos cumplir todas las normas para garantizar la seguridad de nuestros 60 000 ciudadanos».

Sin embargo, lo que más le dolió en el alma a Walsh era que la gente votaba a la República Terran, que votaba por la restricción de su libertad.

Segunda parteEditar

En un intento por evitar que el Nuevo Conglomerado se resistiera al control de la República Terran, se prohibieron todo tipo de reuniones de índole política. A partir de ese momento no se podían reunir más de tres personas, a no ser que fueran familia. La negativa a cumplir esta ley de la República Terran conllevaría encarcelamiento e incluso, en algunos casos, la pena de muerte. Se procedió a arrestar y a encarcelar a oficiales del Nuevo Conglomerado sin prueba alguna e, incluso, sin juicio previo. El Nuevo Conglomerado exigía libertad para las personas, pero la República Terran se negaba. Intentaron llegar a un acuerdo, pero ambas partes abandonaron las negociaciones y estalló la guerra.

Me pregunto adónde fue a parar la esperanza de Tom Connery de que el ser humano podría vivir en paz.

Walsh y su unidad se hicieron con sus rifles pesados Gauss, las escopetas Jackhammer de tres cañones y las carabinas y descendieron cautelosamente Magmatormentosa. Walsh conocía en profundidad las tácticas de la República Terran: se escondían tras rocas holográficas tridimensionales muy realistas, al acecho de soldados del Nuevo Conglomerado. Walsh mantenía su arma siempre preparada y disparaba en amplios arcos cada vez que pasábamos cerca de posibles escondites, pero cuando oyó fuego enemigo detrás de él supo que estaban en apuros. El enemigo se había escondido en una grieta, de tamaño suficiente para seis hombres. Cuando la unidad de Walsh la pasó de largo, los soldados enemigos salieron de su escondite y abrieron fuego. Nueve de los soldados de Walsh murieron y tres resultaron heridos y capturados. El contraataque tan solo sirvió para matar a cuatro de los otros.

Walsh y el resto de supervivientes buscaron cobijo tras un saliente de rocas. Estaban en tierra alta, así que contaban con ventaja durante unos minutos. Dio la señal y Miller, Cohen y los gemelos Dorsen sacaron siete lanzamisiles Fénix que habían escondido al borde del volcán.

«¡Ahora!», gritó Walsh. Jimmy Dorsey activó el primer lanzamisiles; su hermano, el segundo, y Walsh y el resto, los demás. Decenas de misiles descendieron la colina de Magmatormentosa y explotaron con fiereza. Los cadáveres de cuatro soldados de la República Terran salieron despedidos de sus guaridas. A través de sus binoculares, Walsh pudo avistar a dos de esos malditos soldados Terran. Uno de ellos tan solo un crío, de 19 años como mucho. «¡Que te den, por elegir el bando equivocado, estúpido!», gritó Walsh. El otro soldado era una chica algo mayor de cabelleras flamígeras.