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Primera parteEditar

Jones apartó la vista de sus ordenadores y se fijó en la hilera de monitores que alineaban la pared frente a la cual estaba sentado. Esa misma mañana, su hermana Genny, una soldado del Ejército de la República Terran, le advirtió de que se fraguaba algo grave en la isla volcánica de Searhus.

«¿Por qué haces esto, Genny?», le preguntó. «No tiene sentido que te unas al Ejército. ¡No tienes por qué elegir un bando! Ambos están locos, tanto la República Terran como el Nuevo Conglomerado. Se van a aniquilar los unos a los otros, y no solo eso, sino que acabarán con las vidas de muchos inocentes».

Genny profirió una carcajada. «Como si vosotros, lunáticos Vanu, fuerais diferentes... Creéis en poderes mágicos de un Dios alienígena...».

«No es un Dios, sino un simple ente alienígena. Sabemos con certeza que existieron gracias a las excavacaciones de sus ciudades. Hemos analizado sus artefactos y de vez en cuando, desde lo que le sucedió a Briggs, hemos obtenido información por telepatía. Vanu es real».

«Creo que deberías usar el tiempo pasado, Sandy: "fueron". Se extinguieron hace una eternidad; y ni se te ocurra corregirme. 500 o mil millones de años, me da igual; el caso es que se han extinguido y punto. A ver, hermano: entiendo que los científicos no os inmiscuyáis en política, sino que analizáis, estudiáis o desatomizáis vuestros objetos de estudio para investigar qué sucede. Después lo volvéis a hacer una y otra vez, aunque los resultados sean los mismos».

«Un método científico que ha funcionado desde los albores de la ciencia».

«Lo sé, y te quiero tal y como eres. Pero los que no escondemos nuestros sentimientos tras pipetas de laboratorio y ecuaciones nos tomamos otros asuntos con más vehemencia. Tan solo llevamos en este planeta unos 200 años, y eso es muy poco tiempo como para que nos dediquemos a aniquilarnos los unos a los otros. ¡Necesitamos paz! Creo firmemente en ello, así que quiero formar parte de ese proceso».

Sandy le echó una mirada que sabía que la irritaba, con la cual venía a decir algo así como: «Te voy a hacer entrar en razón, niña, así que escucha atentamente». «Por eso mismo te aconsejo que no escojas bando y que dejes que se maten los unos a los otros. Cuando llegue ese momento, este mundo nos pertenecerá a los demás, a los que creemos en la paz y en la investigación. Además, supongo que sabes que tus amiguitos de la República Terran no son precisamente corderitos, ¿no? Son dictadores con todas las de la ley».

Vio cómo se ponía roja de ira. «¿Acaso el Nuevo Conglomerado es mejor? Han estado intentando poner en nuestra contra a las colonias desde su fundación. Se negaban a trabajar a no ser que les pagaran, y si sus exigencias no prosperaban, regresaban a su casa, recogían sus pertenencias y se marchaban. La República Terran quiere que todos trabajemos juntos».

Sandy la interrumpió de repente: «Claro que trabajemos juntos, pero primero hemos de aceptar sus estrictas leyes y reglas. Y si no estás de acuerdo, te arrestan o te matan».

Genny elevó el tono y siguió hablando como si su hermano no hubiera dicho nada. «Y lo que hizo el Nuevo Conglomerado fue construir sus malditas ciudades subterráneas y nos abandonaron a los demás a nuestra suerte».

Segunda parteEditar

«Exactamente. Para ellos es todo o nada: o se hace a mi manera o no se hace», dijo Sandy. «Por eso prefiero adoptar una postura neutral. Esa es la razón por la que nosotros nos negamos a inmiscuirnos en tal locura. Hermana, lo único que quiero es que estés a salvo. Por favor, ¿por qué no me acompañas a mi campamento? Para que veas lo que yo veo y que nos comprendas. Cuando entiendas la verdad sobre Vanu, sé que querrás unirte a nosotros».

«Sandy, debes de estar de broma. Te quiero, de veras. De hecho, he leído algo acerca de Vanu por ti y comprendo su filosofía. Pero no por eso voy a desertar y a contemplar cómo tus amigos y tú habláis acerca de asuntos místicos».

«¿Asuntos místicos? Genny, me temo que tan solo has leído los folletos que reparten la República Terran y el Nuevo Conglomerado, en los cuales no se explica nada sobre Vanu. Ven y te lo mostraré yo, por favor».

Genny dio a su hermano un beso desdeñoso en la mejilla. «Lo siento, pero no. No puedo y tampoco quiero. Además, sabemos que esto no desembocará en una guerra, sino que tan solo están de negociaciones. Sé que encontrarán puntos en común y llegarán a un acuerdo, como siempre. Tenemos que convivir en Auraxis, así que hemos de encontrar una solución que satisfaga a ambos bandos, sí o sí», dijo a su hermano tras darle un beso, y le prometió que llegaría a tiempo para la cena familiar del miércoles. Era el cumpleaños de Genny, y la mujer de Sandy, Elayne, iba a preparar su plato favorito: pavo falso.

Hizo una mueca antes de irse, le dio un pequeño tirón de orejas, como siempre, y se marchó. El día siguiente iba a ser muy ajetreado.

Sandy le echó un vistazo al boletín de noticias que aparecía en los monitores. El reportero, Richard Morgannis, que recibió el nombre de su trastatarabuelo y es el bisnieto de la amada Jessicana Morgannis, mostraba un rostro serio al hablar, y su voz era apenas audible.

«Los representantes de la República Terran y el Nuevo Conglomerado han informado de que se han cancelado las reuniones para firmar un tratado de paz».

«No podemos hacer entrar en razón a esos traidores», dijo George Harris, portavoz oficial de la República Terran.

Diane Draper, su homóloga del Nuevo Conglomerado, respondió: «No fuimos nosotros quienes abandonaron las negociaciones, George. Fuisteis vosotros».

El rostro de Harris apareció en la pantalla de nuevo. «Lo hicimos porque disteis órdenes a vuestros mercenarios de que atacaran asentamientos Terran en la región desértica de Kaorr».

«Mentira. Vosotros sois quienes entrasteis en un asentamiento y matasteis despiadadamente a decenas de colonos», respondió Draper.

Tercera parteEditar

«¿Colonos? Estaban fabricando armas de guerra, Diane, y no te hagas la tonta, porque lo sabes perfectamente. Vuestros mercenarios terroristas planeaban usarlas contra ciudadanos inocentes de la República Terran», gritó Harris.

El rostro de Morgannis volvió a hacer acto de aparición entre los dos portavoces. «Los oficiales de la República Terran niegan las denuncias por parte del Nuevo Conglomerado, y a no ser que los líderes del Nuevo Conglomerado acepten...». Morgannis se ajustó el audífono, a través del cual le llegaba nueva información.

«Nos están llegando informes de una batalla a gran escala en la isla de Searhus, no muy lejos del complejo presidiario Kane. Ambos bandos aseguran que la batalla no se detendrá hasta que el enemigo sea aniquilado. Nuestros reporteros presentes en el campo de batalla nos informan de armas de gran calibre y del incesante número de muertes en ambos bandos. Dicen que... Esperen... Me temo que la comunicación con nuestros colaboradores se ha cortado. Tan solo oigo ruido estático. Las comunicaciones se han...».

Sandy Jones se quedó atónito mirando los monitores, que no mostraban nada más que interferencias. Genny se encontraba en la zona de guerra. Tenía que enterarse de qué sucedía.

«Sandy», oyó que decía una voz que venía de detrás. Se giró y vio al director Willis Scott entrar en la habitación. «Esos necios se han salido con la suya: el planeta está ahora en guerra».

«Nuestra posición va a ser neutral, ¿no, señor?», preguntó Sandy.

Scott negó con la cabeza. «No nos pondremos de lado de ningún bando, si te refieres a eso; sin embargo, tampoco es viable hacer como si con nosotros no fuera la cosa. Dentro de poco, todo el mundo conocerá las técnicas de resucitación, un secreto que no podremos contener durante mucho tiempo. El mismo Vanu me ha hablado directamente: para salvar el mundo que antaño gobernó y para que la humanidad consiga desarrollar su máximo potencial, hemos de alzarnos en armas y destruir a esos necios, así como a aquellos que se interpongan en nuestro camino. Hoy hemos declarado nuestra soberanía, la Soberanía Vanu. Tan solo una fuerza puede predominar en Auraxis, y esos seremos nosotros».